
La artista italiana conversa con R+ sobre la memoria, la lentitud, la nostalgia y el universo emocional que habita en su nuevo EP, Star.
Con Star, su segundo EP, Carol explora la intimidad, la distancia emocional y la búsqueda de conexión a través de un universo sonoro construido desde la contemplación. Entre bedroom pop, texturas ambientales y una sensibilidad cinematográfica, la artista italiana presenta una obra abierta a la interpretación y atenta a los matices emocionales.
Carol (Carolina Faroni) es una compositora y artista italiana formada en Berklee College of Music de Chicago y en la Escuela Cívica de Jazz de Milán. Su propuesta combina experimentación sonora, sensibilidad melódica y una aproximación personal a la composición, elementos que ha desarrollado desde su EP Horse (2024) hasta su más reciente trabajo.
En esta conversación con R+, Carol reflexiona sobre la influencia de Japón en la creación de Star, el papel de la memoria en su proceso creativo, la importancia de la ambigüedad en sus canciones y las emociones que atraviesan este nuevo capítulo de su trayectoria.

Has descrito Star como un proyecto construido desde la lentitud, la intuición y la emoción. ¿Qué narrativas, ideas musicales o sensaciones descubriste cuando decidiste bajar el ritmo? ¿Qué habita en esos espacios que se abren cuando uno va más lento y que difícilmente se perciben cuando se trabaja con el tiempo y la velocidad propios de nuestros tiempos?
Pasar tiempo en Japón tuvo un impacto profundo en mí. Hay algo muy arraigado en esa cultura relacionado con estar completamente presente; incluso las experiencias más simples, como compartir una comida, son tratadas con un cuidado y una atención genuinos. También me fascinó la imagen de los idols: artistas que quizá no son estrellas globales, pero que viven la experiencia de entretener con alegría, abrazando cada detalle de lo que hacen.
En el plano cinematográfico, Wong Kar-wai y Hayao Miyazaki fueron referencias muy importantes para mí; ambos construyen mundos donde la lentitud no es ausencia, sino textura. Musicalmente, me acerqué al ambient, el indie y el shoegaze, géneros que entienden cómo dejar que el espacio haga parte del trabajo.
Los momentos que aparecen en las grietas de la vida contemporánea son probablemente mis favoritos. Si además puedo compartirlos con las personas que amo, mejor aún, porque nos permiten experimentar la vida de forma plena y privada, solo para nosotros. Y creo que eso es profundamente importante, considerando lo limitado que es nuestro tiempo aquí.
En lugar de contar historias de manera directa, las canciones parecen construirse a partir de fragmentos, imágenes y sensaciones, dejando suficientes puertas abiertas para que el público construya su propia experiencia a partir de ellas. ¿Cómo fue trabajar con procesos emocionales muy personales sin volverte la protagonista, pero sí ofreciendo de alguna manera ese lugar al público?
Siempre he amado la composición en su forma más libre y espontánea. Escribir en italiano, mi lengua materna, me permite profundizar más en el significado. Pero escribir en inglés abre las posibilidades; permite que las capas de una narrativa se multipliquen sin obligar a una única interpretación.
Me encanta la idea de mantener una capa de misterio en mis canciones. Muchas de mis películas favoritas no te ofrecen todas las respuestas, y considero eso algo generoso más que evasivo, porque deja espacio para que el público aporte su propia interpretación.
La portada del EP, por ejemplo, surgió de fotografías antiguas de mi madre, quien falleció muy joven en 2020. Pero cuando la compartí, no expliqué ese contexto. Me gustaba la idea de que alguien pudiera verla simplemente y pensar: “qué mujer tan joven y libre”, y quedarse con esa imagen sin conocer todo el peso que hay detrás de ella.
“Me encanta la idea de mantener una capa de misterio en mis canciones.”
El EP transmite una sensación muy cinematográfica, como si cada canción habitara un mismo paisaje sonoro y emocional. Siguiendo la analogía cinematográfica, ¿las canciones de este EP son fotografías estáticas de una emoción o más bien escenas casi en movimiento, con toda la complejidad emocional que ello supone?
Esa sensación analógica es definitivamente central en el universo del EP. Pero realmente depende de la canción.
Diría que Star y Too Heavy son imágenes estáticas: sensaciones congeladas, casi como cierta música stoner en la manera en que sostienen una cualidad soñadora y suspendida. Por otro lado, Within Arms Reach y Leave Me, las dos últimas canciones, tienen un arco narrativo más desarrollado, una evolución más cercana a una aproximación pop a la composición.
Star tiene una línea que considero casi un haiku. Surgió a partir de un intercambio —ni siquiera una conversación real, apenas un par de frases con alguien hace años— que permaneció en mí a pesar de mi mala memoria. Construir una canción entera a partir de algo tan pequeño fue una experiencia nueva para mí.
Todo el proceso buscó ser minimalista: en lugar de intentar añadir más elementos, como había hecho en proyectos anteriores, esta vez traté de hacer lo mejor posible con lo que tenía disponible.
Hablas de que querías centrarte en “cómo el propio sonido puede transmitir emociones, a veces incluso más que las palabras”. ¿Las canciones nacieron de emociones que se tradujeron a sonido y luego a palabras? ¿Cómo fue el proceso de composición?
La mayor parte del proceso ocurre en el estudio junto a mi colaborador de confianza, Davide. Es allí donde tengo los recursos y donde me siento lo suficientemente segura para permitir que el proceso creativo se desarrolle.
Siempre comenzamos con referencias; normalmente preparo una playlist que capture el mundo que quiero habitar con cada proyecto.
Para este EP, la música ambient fue una referencia fundamental. Para mí es uno de los ejemplos más claros de música que intenta evocar sensaciones únicamente a través del sonido, sin necesidad de palabras.
Una vez que la dirección estaba clara, Davide comenzaba a proponer ideas musicales y, cuando alguna resonaba conmigo, empezaba a buscar una melodía. Primero grababa lo que surgía de manera intuitiva, con palabras improvisadas, y más adelante refinaba las letras, prestando tanta atención a la musicalidad de las palabras como a su significado.
¿Cómo fue el trabajo con Davide Tarragoni para convertir emociones complejas en ideas sutiles y en decisiones sonoras concretas? Y conectando con la idea de que las canciones “surgieron desde un lugar muy instintivo”, ¿cuál fue el principal reto de este EP?
Trabajamos mucho con capas y, a menudo, terminábamos tomando la decisión de quitar elementos en lugar de añadirlos, eliminando instrumentos para favorecer algo más minimalista e intencional.
El mayor reto fue trabajar únicamente con lo que teníamos: un estudio casero, un presupuesto ajustado, solo nosotros dos, nuestras habilidades, una computadora y ningún otro músico.
De una manera extraña, esa limitación terminó convirtiéndose en la cualidad definitoria del proyecto. Las limitaciones nos obligaron a encontrar claridad.
“Las limitaciones nos obligaron a encontrar claridad.”
La memoria parece ocupar un lugar importante dentro de este universo. Cuando escribes canciones sobre el pasado, ¿lo haces recordando los hechos de manera casi vivida o prefieres escribir reinterpretándolos desde quien eres hoy?
Depende. Me encanta intentar sumergirme en la sensación de un momento pasado; es un proceso fascinante.
Me atrae lo que llamaría agotar un tema, algo que también asocio con el proceso creativo de Sofia Coppola: volver una y otra vez sobre una misma idea intentando extraer de ella todas las verdades posibles.
El primer amor, por ejemplo, sigue conmoviendo precisamente por el impacto que tuvo en mí. Regresar a experiencias que dejaron una huella profunda se siente honesto, y creo que esa autenticidad emocional es también lo que hace que las canciones resulten cercanas para otras personas.
¿Crees que las canciones pueden funcionar como espacios donde conservamos versiones de nosotros mismos que ya no existen, o donde se depositan las versiones que queremos ser (o quisimos ser)?
Sí, definitivamente. Pienso en ellas como pequeñas cápsulas del tiempo, contenedores de un momento específico y de un proceso emocional concreto.
También hay algo en el acto de escribir que permite organizar aquello que muchas veces es imposible expresar en tiempo real. En la vida, cuando las emociones son intensas, rara vez encontramos las palabras adecuadas en el momento adecuado, o simplemente no somos capaces de compartirlas.
La escritura te ofrece ese espacio: la posibilidad de construir un mundo donde finalmente puedes decir lo correcto, en el momento correcto y de la manera correcta.
“Pienso en las canciones como pequeñas cápsulas del tiempo, contenedores de un momento específico y de un proceso emocional concreto.”
En canciones como Too Heavy aparece la sensación de cargar con emociones que parecen excedernos, como si el acto de amar también implicara sostener parte del peso de otras personas. ¿Crees que existe una diferencia entre acompañar a alguien y asumir como propias sus heridas? ¿En qué momento el cuidado se convierte en una carga que también transforma a quien intenta sostenerla?
No creo que debamos cargar con las heridas de otras personas como si fueran nuestras; es un límite que vale la pena proteger.
Pero sí creo que hay algo hermoso en querer aliviar la carga de alguien cuando lo amas: ayudarle a ver las cosas desde otra perspectiva o simplemente estar presente y acompañarle.
Dónde se encuentra ese límite es algo profundamente personal y varía de una persona a otra. Pero creo que es natural, dentro de cualquier relación, querer cuidar de alguien que, en algún momento, inevitablemente está un poco roto.
Las emociones que atraviesan Star —la distancia, la intimidad, la incertidumbre y la búsqueda de conexión— son experiencias universales que también resuenan profundamente en Latinoamérica. ¿Qué te gustaría que una persona en México o en cualquier rincón de nuestra región sintiera o encontrara al habitar este universo que has construido?
Probablemente nostalgia, para empezar.
Muchas veces he pensado en la infancia —como imagino que le ocurre a muchas personas— como la etapa más feliz de mi vida. Me gustaría que el EP transmitiera ese anhelo por un mundo más simple y analógico: la estética de los años noventa, las imágenes oníricas y esa invitación silenciosa a dejar el teléfono a un lado por un momento.
De alguna manera, también me gustaría que ofreciera un momento de suave desconexión; no en un sentido desestabilizador, sino de la misma forma en que mis discos favoritos a veces lo hacen conmigo: como un espacio para alejarse del ruido y simplemente habitar una emoción.
Con Star, Carol continúa explorando una propuesta construida desde la atmósfera, la sutileza y la apertura interpretativa. A lo largo de sus cuatro canciones, el EP invita a una escucha atenta donde las emociones, los recuerdos y las imágenes permanecen abiertas a distintas lecturas, revelando nuevos matices con cada regreso a ellas.
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3L3D3P: "General", Baile, Catarsis y la Fiesta Como Territorio de Liberación | Entrevista – R+
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